Ayer fui al funeral de mi abuela y el sermón del sacerdote no tuvo desperdicio.
Comenzó con el típico discursillo de que si se iba a reencarnar, que si el señor no se que y que si el señor no se cuantos, como si eso fuese a consolar a alguien con dos dedos de frente. Pero en fin, cuando pisas un iglesia, ya sabes a lo que vas...
El problema vino cuando su discurso se tornó demagogo, prepotente e impositivo. Empezó a despotricar contra los no creyentes (entre los que me encuen [...]
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